De Jumpman a Super Mario, la evolución del personaje más importante de los videojuegos

Mario pasó de ser un carpintero sin nombre a la estrella más grande de los videojuegos.
César
It's a me... ¿Jumpman? | Foto: BitMe

Para 1983 la joven y encantadora industria de los videojuegos estaba a punto de llegar al Game Over por culpa de la mala administración de Atari, la poca innovación de los videojuegos y los padres enojados que culparon a los píxeles por los problemas con sus hijos. Por fortuna, Nintendo apareció en la historia para poner la balanza en favor de los jugadores, quienes aceptaron tomar el control de un viejo bigotón para salvar su nuevo pasatiempo favorito.

Donkey Kong es el primer referente mundial que Nintendo tuvo dentro de la industria de los videojuegos, un título para salones de arcade a cargo de la joven mente de Shigeru Miyamoto. Inspirado por las caricaturas de Popeye el Marino, Miyamoto optó por un héroe, una damisela en peligro y un simio gigante para compensar el desastroso lanzamiento en Estados Unidos de Radar Scope.

Sí, Shigeru Miyamoto creó un personaje icónico a raíz de Donkey Kong, pero un principio ni siquiera había un nombre oficial para el héroe que buscaba imitar a Popeye. Durante los primeros meses de desarollo solo había algunas cosas claras en el concepto general del juego: un escenario dentro de una construcción y un personaje que podría ir de un juego a otro sin problemas.

Jumpman vs. Donkey Kong | Foto: Nintendo

De hecho, el primer nombre de Mario era “Mr. Video”, pues Miyamoto creía que su personaje podría hacer cameos a la Alfred Hitchcock en futuras creaciones. Sin embargo, cuando Donkey Kong comenzó a tomar forma, Mr. Video paso a ser conocido únicamente como Jumpman, pues saltar (jump en inglés) era la única acción que realizaba el personaje.

Jumpman fue el nombre oficial del personaje en Japón, pero los ejecutivos de Estados Unidos no estaban convencidos de que el “héroe” no tuviera un nombre real; vaya, ni siquiera la princesa en peligro tenía un nombre y solo era conocida como Lady. Y es que en un inicio la verdadera estrella del juego era Donkey Kong, por lo que el resto del cast no parecía tener la misma importancia. Incluso, Miytamoto llegó a describir al entonces carpintero como un tipo “holgazán”.

Tal y como cuenta la leyenda, el nombre de Mario llegó gracias a una acalorada discusión entre Minoru Arakawa, presidente de Nintendo of America, y Mario Segale, arrendador de las bodegas donde los gabinetes de Radar Scope estaban acumulando polvo en Seattle. Nintendo no podía asegurar siquiera los pagos de la renta, por lo que Segale llegó a molestar a sus inquilinos en más de una ocasión.

Mario Segale y Jumpman | Foto: Nintendo

Lamentablemente para Mario Segale, las burlas de los miembros de Nintendo of America no se hicieron esperar, al grado en que compararon físicamente al héroe de Donkey Kong con su cobrador habitual. Posteriormente, durante una visita de rutina a Estados Unidos, Shigeru Miyamoto se enteró que los empleados se referían a Jumpman como “Mario”, situación que fue del agrado del creativo, quien tomó el apodo para bautizar a su creación en suelo norteamericano.

Tras este pequeño momento de grandeza, Mario adoptó el nombre con el que las masas se encontrarían un par de años después en el menos popular Mario Bros. Este spin off de Donkey Kong terminó por colocar otro par de elementos importantes en el lore del personaje: la profesión de plomero, pues ahora el juego tenía lugar en las alcantarillas de New York; y la nacionalidad del personaje, quien en ese momento era un plomero italoamericano.

Mario Bros. no fue tan popular como Donkey Kong pero ayudó a no olvidar al personaje de cara al gran hit que hasta nuestros días es imposible de superar: Super Mario Bros. Desarrollado para el Famicom y con Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka como responsables, Super Mario Bros. se convirtió en la clave para que los videojuegos recuperaran su lugar en la cultura pop de una vez por todas.

Mario y Luigi en Mario Bros. de 1983 | Foto: Nintendo

Mario regresó con un estilo similar al que se vio por primera vez en las pantallas de Donkey Kong, pues las capacidades gráficas del Famicom no permitían mostrar un diseño tan trabajado como el que ya había logrado Mario Bros. en arcade.

Colores básicos, un bigote para ocultar rasgos faciales, una gorra para omitir el cabello y un hermano idéntico pero con colores distintos, fueron algunos de los elementos gráficos que ayudaron a que el juego pudiera correr con todas las ideas de Miyamoto en la primera consola casera de Nintendo. Un esfuerzo único en aquellos días y que marcó para siempre la forma en que vemos y jugamos los videojuegos.

Tras el lanzamiento de Super Mario Bros. la industria tuvo ese segundo aire que tanto necesitaba, las consolas caseras comenzaron a desplazar los salones de arcade y Nintendo comenzó una racha inigualable su primera oleada de títulos legendarios como Kid Icarus, The Legend of Zelda o Metroid. Los videojuegos jamás volvieron a ser los mismos.

Un clásico, es lo que es | Foto: Nintendo

Aquel carpintero sin nombre logró lo que ni E.T. o Indiana Jones habían conseguido con Atari. Y el resto… bueno el resto es completamente historia, misma que hasta nuestros días se sigue escribiendo.

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