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Hablemos de The Last of Us Part II

Es difícil aceptar que no todo va dirigido al mismo tipo de jugador ¿verdad?
César
Voy a hacerte hablar | Foto: SIE

En Pixels (Chris Columbus, 2015) durante una plática los protagonistas hablan sobre los patrones de los videojuegos clásicos y cómo el recordar los movimientos de la máquina era la clave para ganar la partida. Para Matty (Matt Lintz) la técnica de Sam Brenner (Adam Sandler) es aburrida y le quita la diversión al juego, pues para él solo existe una clave para ganar: “yo pienso que soy el del juego y no quiero morir”.

Curiosamente el personaje de -evidentemente- no más de 18 años está jugando The Last of Us Remastered en PS4, ante la atormentada mirada de Q*bert por la violencia explícita. Sin embargo, la idea de imaginar ser el protagonista del juego y, por consecuencia, querer llegar a la victoria me parece un punto clave en mi experiencia como videojugador y una de las tantas referencias que me hace amar Pixels. Pero hoy no vamos a defender a Adam Sandler, sino a The Last of Us Part II.

A estas alturas de la vida una reseña del juego más esperado de 2020 sale sobrando (si necesitan una aquí está la de Código Espagueti). Pero sumarse a la conversación sobre la secuela de The Last of Us es más que interesante. Es por ello que a partir de este punto voy a hablar (con lujo de detalles) sobre mi experiencia tras haber jugado The Last of Us Part II.

La revelación que tanto esperamos | Foto: SIE

Y no, el objetivo no es ponernos a favor o en contra de una conversación que se ha salido de control en redes sociales, sino de hablar sobre lo que encontré en el producto final y cómo afectó mi experiencia llena de grandes expectativas. Particularmente es el juego que más esperaba de 2020 y me ha cumplido de forma magistral; no me parece mejor que el primero; y si tuviera que ponerle una calificación sería un sólido 9 de 10. El resto se los cuento a continuación.

SPOILER ALERT

La mención a PIXELS no es gratuita y es que durante la mitad de The Last of Us 2 jugué con un personaje que no quería y al que probablemente me hubiera gusta dejar muerto al final del juego. ¿La razón? Bueno, Abby mató a Joel y yo quería mucho a Joel.

The Last of Us (Naughty Dog, 2013) es una obra maestra de los videojuegos, con un ritmo perfecto en la historia, personajes tremendamente bien desarrollados, un gameplay que raya en la perfección y un complejo y admirable logro técnico en PlayStation 3. Encariñarse con Joel y Ellie era sencillo… principalmente porque Joel pierde a su hija en la primera hora de juego y eso nos compromete casi de inmediato con su travesía.

¿Y si la hubiéramos dejado con los Luciérnagas? | Foto: SIE

Durante todo un año (tiempo del juego) acompañamos a este dúo en su travesía por Estados Unidos con el único fin de entregar a la niña inmune al virus a un grupo paramilitar que desea fabricar una cura para el brote de infectados que acabó con el mundo como lo conocemos. Al final, nuestro lazo con Ellie va muchísimo más allá de una mercancía o una niña a la que debemos proteger; como jugador (y persona) lo entendemos perfectamente: Ellie es nuestra hija y nadie va a tocarle un solo cabello virtual.

Cuando los créditos están por aparecer en la pantalla sabemos que tomamos una decisión fatal para el mundo, pero Ellie sigue con vida y eso es lo único que importa; a pesar de que tengamos que mentirle para seguir adelante.

Venganza

Tuvieron que pasar 7 años para poder conocer qué es lo que pasó después de aquella mentira. De antemano sabíamos que la situación no iba a ser fácil y aunque podemos decir que acertamos en todas nuestras teorías, también es grato señalar que la revelación de toda la verdad tiene un grado de producción sublime que nos deja satisfechos ante la espera. Y sí, todos estos factores hacen más complicado y triste tomar el control de un nuevo personaje… Abby.

Jugando con el enemigo | Foto: SIE

Son casi dos horas de juego en The Last of Us Part II para llegar al momento en que Abby asesina a Joel frente a Ellie. Para este punto sabemos que hay problemas entre nuestros antiguos protagonistas, pero seguimos teniendo a un Joel noble que incluso le ha salvado la vida a su futura asesina. Al menos para mi, la muerte de Joel tuvo el mismo impacto que la partida de Sarah 7 años atrás. “Mi venganza será brutal”, pensé tras la muerte de Joel.

Para este punto mi compromiso con los personajes ya era total, en mi mente no importaba nada y solo había una solución: matarlos a todos. Vaya, durante las primeras horas en Seatlle solo podía saborear el momento en que el juego me colocara frente a alguno de los Lobos para poder presionar los botones correctos y acabar con sus vidas. Cada arma que encontraba en el juego era mejor para mi venganza y aunque la compañía era bastante molesta (Dina), nada me distraía de mi objetivo.

Una relación complicada… como la de cualquier adolescente | Foto: SIE

Sin embargo, había algo que me inquietaba: Abby. No solo por la venganza, sino porque justo antes de que ella asesine a Joel… yo la controlé. No hay que ser un Sherlock Holmes de los videojuegos para saber que esa primera secuencia es apenas una introducción para el resto del juego, por lo que me preguntaba constantemente cuándo y cómo me tocaría regresar al control de Abby. No quería hacerlo, pero era obvio que terminaría de nuevo en sus zapatos.

Y así fue, tras los primeros tres días en Seattle y luego de varios hermosos y dolorosos flashbacks entre Ellie y Joel, Naughty Dog regreso el tiempo a unas horas del final del primer juego. Resulta que Abby es la hija del primer doctor al que le disparamos cuando entramos por Ellie en la base de las Luciérnagas. Este personaje es el único capaz de fabricar una cura con la inmunidad de la niña, pero como ya se nos había explicado la única forma de hacerlo es acabando con la vida de Ellie.

La villana también tiene su corazoncito | Foto: SIE

Nosotros no lo vemos pero, después de que Joel escapa, Abby descubre el cuerpo de su padre junto con el resto de la “heroica” masacre que cometimos en la primera entrega. Nuestra nueva protagonista jura venganza y dedica gran parte de su tiempo en buscar a Joel… no tanto por la cura, sino por su padre. Con el paso del tiempo comprendemos que esta acción se convierte en un círculo vicioso de venganza para Abby y Ellie durante todo el juego.

Redención

Fue en este punto donde me sentí fuera de la historia que anhelaba jugar. Pues las últimas 15 horas (aproximadamente y sin contar el juego anterior y los 7 años de espera) yo era Team Joel y Team Ellie. Su relación, aunque disfuncional, era parte de mis recuerdos más entrañables de 2013 y de prácticamente toda la generación de PS3. Y que de la nada me pongan en el papel de la “villana” me pareció vil, despreciable y un total chantaje emocional por parte de Naughty Dog.

¿Chantaje? Sí, porque desde el primer flashback las piezas se acomodan para que Abby recree una historia espejo de Joel y Ellie: relación padre hijo, mujer en busca de venganza, un par de amigos en el camino, un montón de seres queridos asesinados por un enemigo en particular y un descubrimiento emocional por un personaje que no tiene parentesco familiar. La intención era obvia: ponerse en los zapatos de Abby de forma emocional. Pero a mi no me importaba esta chica, yo la quería muerta.

Abby es un espejo de Joel | Foto: SIE

Tras este momento pause mi maratón de juego y me sentí un tanto traicionado. Ojo, estoy consiente que no podemos esperar que los desarrolladores nos entreguen lo que uno se imagina, y para nada es ese mi punto. Me refiero a que mi compromiso con Joel y Ellie era tan grande que nunca me sentí cómodo jugando como Abby… lo cual es un experimento interesante por parte de Naughty Dog. Y vaya que cuesta trabajo jugar un videojuego con un personaje que quieres ver muerto.

Ya ni siquiera entremos en detalles con los demás Lobos que ayudaron a Abby en el asesinato de Joel. Todos ellos me parecen despreciables, pero para nuestra nueva protagonista son esenciales para su día a día. Que Naughty Dog haya sido capaz de que Abby me interesara un poco me parece sublime y completamente relevante para una industria en la que depende totalmente la interacción con el personaje para salir adelante.

Yo no quería ganar | Foto: SIE

Constantemente me convencía que tenía que avanzar en el juego para llegar a tomar el control de Ellie una vez más… pero en el fondo la historia de Abby me importó (que dolor decir eso) al menos un poco. Nunca había experimentado una sensación así al jugar un videojuego, y es que no es raro ser el malo de la historia, pero es extraño cambiar de bando cuando llevas esperando tanto tiempo por un personaje en particular.

Naughty Dog nos aplicó un Pixar… o sea, nos colocó en una posición en donde es imposible no sentir apego por lo que estamos viendo. Como cuando los juguetes de Andy se van a quemar en el basurero de Toy Story 3 o la muerte de Ellie en Up, son momentos que se construyeron para apretar nuestras entrañas y amarrar un sentimiento. Abby es todo eso y de paso se convierte en la mayor diferencia el primer juego.

Cicatrices de venganza | Foto: SIE

Porque la historia de Ellie pudo suceder hasta un posible día 4 en Seattle y una pelea directa contra Abby, pero Naughty Dog no hubiera conseguido las mismas calificaciones que hoy presume. Lo que terminamos encontrando es una historia de venganza que “sutilmente” se convierte en redención para ambas protagonistas. Los matices son evidentes y hasta descarados, pero funcionan con la excelsa narrativa del juego. Veinticinco horas extremadamente bien cuidadas.

Al principio pensé que controlar a Abby sería una especie de “relleno”, pero no, es prácticamente la mitad del juego. Después de volver a ver el “Seattle Día 1” supe que debía llevar la historia paralela de Abby en relación a la búsqueda de Ellie. Creo que la intención de Naughty Dog era justamente llevarnos a entender porque la “villana” hizo lo que hizo; con todo y la respuesta a ese dilema moral con el que cerramos el primer juego.

Venganza y redención | Foto: SIE

Unir las historias a la Iñarriu y conocer los dos lados de la moneda es complicado para un jugador visceral que cree que los juegos deben responder a los comentarios de Facebook. No voy a decir que ame la idea, de hecho todavía la siento injusta, pero aceptó que era la visión de los desarrolladores. Al final, esta idea es la que me hace valorar más el juego, pues me colocó en un punto que nunca imagine, totalmente inmerso en la historia de ambas, pero siempre con mi corazón en el Team Ellie.

Ya no hay pistoleros en el valle

Cuando al fin las dos historias se juntan llega otro momento clave: la pelea entre Ellie y Abby. Y es que tomar el control de Abby para pelear contra Ellie es ruin. Yo no quería ganar esa pelea, no quería lastimar a Ellie y quería que mi personaje sucumbiera ante la venganza de la niña que ayude a proteger. Pero no, el destino nos pone del lado ganador, porque está claro que en ese punto, siendo el final del juego, Abby gana y la venganza no se consuma como hubiéramos querido.

Vaya, al llegar ahí la venganza que llevamos es poco satisfactoria, pues los momentos de Ellie ante el resto de los Lobos fueron rápidos y no tan inmersivos como me hubiera gustado. Si no ha quedado suficientemente claro: yo quería sangre. Pero bueno, tampoco eso suena muy sano de mi parte. Pensándolo con detenimiento, The Last of Us Part II nos hace pagar por haberle negado la salvación a la humanidad.

I walk though the valley of the shadow of death | Foto: SIE

Cuando llegamos al epílogo de Abby y Ellie la situación es claramente más rápida y menos detallada, aquí tomamos el control de Ellie por más tiempo, pero ya no es lo mismo. Perdimos la gran pelea y lo que estamos por encontrar no es por Joel, sino por nosotros… o por Ellie para ser más específico. Al final Ellie quiere paz, no sangre… ella solo quiere dormir otra vez. Hubo un vació en mi estómago después de ese final, pero quizá esta vez sí hice lo correcto.

Naughty Dog ha provocado miles de comentarios sobre su final en redes sociales, personas quieren que se cambie el final y otros han atascado Metacritic con críticas negativas. Sin entrar en detalles, pero la madurez que ha alcanzado Neil Druckmann y todo su equipo está muy por encima de lo poco que ha avanzado la comunidad gamer en el mundo. The Last of Us Part II no está para cumplirme a ti o a mi, ni siquiera a una agenda política si es lo que te preocupa. The Last of Us Part II le cumple a la industria y a sus desarrolladores.

Justo aquí se convierte en el Juego del Año | Foto: SIE

Desde la forma de contar la historia, hasta su conexión con la agenda política, The Last of Us Part II deja en claro que los videojuegos son un medio gigantesco para contar historias y empatar su fantasía con nuestra realidad. Hoy más que nunca un videojuego nos enseña que el mundo no va a cambiar si primero no lo hacen los individuos. Ni siquiera el fin del mundo es capaz de corregir el comportamiento humano.

The Last of Us Part II no me parece mejor que la primera entrega y es una cuestión meramente personal. Al parecer los personajes crecieron mientras yo solo seguía jugando videojuegos. Es difícil aceptar que no todo va dirigido al mismo tipo de jugador ¿verdad? Aunque si me lo preguntan, mi redención en este tipo de historias ya había llegado un par de años atrás en el viejo oeste.

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